Hemos contemplado impávidos la masacre de Holocausto, a la salida del cine la niña en estado de confusión le pregunta a su madre si la Lista de Schindler es verdad ¿Es cierto, mami? Horrorizados por los pecados de otros nos preguntamos el porqué ¿Por qué? ¿Qué es esto que siento? ¿Acaso eres tú, Compasión? Experimentamos lástima, apelaron a la sensibilidad y triunfaron en nosotros ¡What a pity! Estamos de su lado y rechazamos a los responsables de tan abyectos proyectos. Nuestra piedad crece aún más cuando nos enteramos de otras atrocidades perpetradas por otros, nos solidarizamos con ellos, somos de su equipo, estamos con ustedes. Judíos.

Nunca falta el escéptico en el grupo, el cual no se convence rápidamente, prefiere guardar la calma y analizar todo el asunto con mayor frialdad; sospecha y se cuestiona. Para corroborar los progromos recurre a Historia, se nutre en sus interminables ríos de información. Recava miles de incidentes violentos y muchas veces desnaturalizados contra el pueblo de Dios; una y otra vez aparece en sus arcas la palabra violencia indiscriminada, Historia está llena de personajes antisemitas. Le comienza a parecer raro que tantas personas hayan acusado un rencor tan profundo contra ellos, algo no le huele bien, el ambiente se caldea y ya parece que se la buscan. Si sucediera esporádicamente tal vez le sería más entendible, pero a cada rato; continuamente son perseguidos, atrapados, torturados, asesinados y humillados.

Historia nos relata que en la antigüedad los judíos eran esclavos de una amplia variedad de pueblos, mesopotamios, egipcios, hititas, cananeos, romanos y otros más por ahí. Luego cuando los cristianos toman por asalto al mundo medieval los judíos son pintados como autores intelectuales de la muerte de Cristo, se convierten en el perfecto chivo expiatorio; son perseguidos en la época de la peste bubónica pues era vox populi que ellos se encontraban maquinando detrás de la peste negra. Por todos lados eran inculpados de actos que ellos no tenían nada que ver, injustificadamente eran masacrados; igual no habría justificación alguna. En tiempos de los zares fueron acosados por la bestialidad rusa y con la llegada de nuevos tiempos la violencia indiscriminada pasó a ser discriminación. Aparentemente no ha habido momento alguno en que judíos no hayan sido quemados. Una, dos, tres, cuatro, cinco veces ya, te acepto pero cuando se vuelve cotidiano en la historia no te pases.

Podemos pasar horas recapitulando los momentos más sanguinarios contra el pueblo de Dios y nos percataríamos que no hubo momento histórico en que hayan tenido tranquilidad, siempre en escaramuzas; inclusive en nuestros días siguen siendo noticia con los constantes conflictos con el pueblo palestino y el mundo árabe en general. Quizá la respuesta al antisemitismo la podamos encontrar en nuestro subconsciente, tal vez la memoria colectiva de Humanidad guarde algunos rezagos de las primeras riñas que hubo con los judíos en épocas arcaicas y desde entonces se ha venido repitiendo esa animadversión de manera sistemática sin darnos cuenta.

En la antigüedad debe haber nacido todo esto, en un tiempo donde el politeísmo era el estándar; muchas civilizaciones, muchas religiones, muchos nombres de divinidades pero al final los mismos dioses. Por ejemplo siempre ha habido ese culto a la sensualidad, a la mujer lujuriosa, a la encarnación de todos nuestros deseos sexuales; y está representada en la conocida diosa Afrodita, que los romanos tomaron de los griegos y le pusieron el apelativo de Venus, dentro de los egipcios se le llamaba Hathor, popularizada por los fenicios con el nombre de Astarté y su historia comienza en Mesopotamia donde la conocían por Inanna o Isthar. La divinidad no cambia, sólo lo hace su alías; es decir cada dios de cualquier cultura tenía su correlato divino en las otras.
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Dentro de ese mar politeísta se había formado una isla, no muy grande pero eso si inexpugnable, el monoteísmo había nacido; en este mundo donde las personas son libres de profesar el culto a quien les dé la gana aparece un grupo que cree en un único dios (hasta allí no hay problema pudiendo tener varios dioses ellos eligieron uno, O.K.) y además es el dios verdadero (¿Acaso insinúan que los dioses de los demás son falsos? La gente vivía tranquila, sus dioses no eran más verdaderos que los otros sino simplemente también eran posibles. El accionar de la milenaria tradición politeísta se sintetiza en las palabras de Jenófanes de Colofón que vivió en el siglo VI a.c.: “Si los bueyes, los caballos o los leones tuvieran manos y fueran capaces de pintar con ellas y de hacer figuras como los hombres, los caballos dibujarían las imágenes de los dioses semejantes a las de los caballos y los bueyes semejantes a las de los bueyes y harían sus cuerpos tal como uno tiene el suyo.”) Yahvé, único y verdadero; obviamente las reacciones no se hicieron esperar:
* ¿Qué se creen esos? ¿Cómo se atreven a desafiar a mis dioses?
* Déjenlos creer que su dios es único y verdadero.
* ¡Qué indignante!
* Mejor también le rindo culto, quizá tengan razón.
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Esta pandilla de rebeldes monoteístas despreciaba al mundo politeísta, era indigno, impío, infiel, por eso en la Torá Dios se dedica a castigar a todos los que puede y su pueblo se dedica a amenazar a todos que su dios los va castigar; ¿A quién le gustaría que venga un grupo de fanáticos diciendo que su dios está molesto, así que se debe ser menos libertino? Además te restringen ciertos alimentos por considerarlos impuros. A través de la historia se puede ver que no han sido muy queridos y ese sentimiento se ha mantenido dentro del subconsciente colectivo de la humanidad que se desarrolla en uno sin que se tenga noción al respecto, es decir, existe una cierta predisposición hacia el antisemitismo, incluso se da hasta entre los propios judíos, nadie se escapa ni siquiera ellos mismos; sin embargo serlo o no es una cuestión netamente cultural. Se aprende, no se nace así.